Tal vez alguien me lea.

Vivo en ese momento de mi vida en que soy un desastre.

Soy una mala hija.

Una mala hermana.

Una mala nieta

y una mala sobrina.

¿Esta mi familia orgullosa de mi? Cada día la respuesta es más ensordecedora. No.

Soy una mala novia.

Una mala amiga.

Una mala conocida

y una mala relación.

¿Esta mi alrededor orgulloso  de mi? Cada día la respuesta es más clara. No.

Soy esa mala conversación

esa cerveza amarga

ese “lo siento me tengo que ir” porque quieres escapar

ese momento incomodo

y ese mal recuerdo.

¿Hay alguien que esté orgulloso de mi? Cada día pierdo más la esperanza.

Te levantas y ya hay ataques.

Gritos,

malas palabras,

malos gestos,

malas caras.

Supongo que a cada uno le afecta de una manera distinta. A mi me afecta así.

Cansada de obligaciones y ningún momento conmigo.

¿Porque no disfrutan de lo que puedo ofrecerles?

Yo disfruto mucho a las personas. Lo sonrientes que van siempre, todo lo que pueden aportarte sin siquiera darse cuenta. Son tanta vida…

Pero nadie me para atención.

“tienes que hacer tal”

“haz tal”

“llegas tarde a ”

“¿porque no has echo tal?”

Y ni un solo “vamos, solos tu y yo. Charlemos. Cuéntame tu día.” o “vamos a hacer una locura tu y yo”

y que cuando yo diga “pero si había que hacer tal”

me digan “olvídalo, quiero estar contigo”.

Llevo tanto tiempo sin ser yo… Que a veces me echo de menos.

Echo tanto de menos las risas…

los buenos ratos…

Pero ahora los gritos y ataques me han dejado tan sorda y ciega, que algún día desapareceré. Y entonces todos aquellos que no me disfrutaron, querrán hacerlo. O tal vez no y después de todo simplemente sea ese mal rato.

Tal vez no os interese, y tal vez ni siquiera os paréis a leerme. Pero solo necesitaba hablar con alguien. Ya que nadie me escucha, igual alguien me leía.

 

 

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Huesos.

Ella se mira al espejo y ve un

precipicio,

Tiene el vicio inconfesable de

odiar su cuerpo.

Siente que su pecho va a estallar.

Tiene un grito atrapado en la

garganta que no le deja gritar,

una mirada preciosa en los ojos

oculta debajo de una mentira

que le ha hecho creer

esa mierda de sociedad.

 

Nadie le entiende,

ella solo quiere ser una niña bonita,

mirarse y no ver un desastre hecho cuerpo.

Quiere un cuerpo de revista,

ser la artista,

la musa,

la excusa de alguien para retratarla

en un lienzo.

Y entonces… entonces poco a poco se va

convirtiendo en hueso,

se vende por un beso, empieza a ser eso

que tú le obligaste a ser.

Le empiezan a fallar las fuerzas

porque piensa que ella no es una niña valiente,

porque su cabeza solo le miente.

 

Ella no sabe que su risa es mi música preferida,

que sus ojos son como dos soles, y que

vendería mi pecho por volver a verle como antes.

Que quiero recuperar a esa niña que regalaba

abrazos, que no era retales de lo que esta

sociedad nos ha querido vender.

Esa niña con una sonrisa risueña

que soñaba con volar y jugaba a ser princesa,

esa niña que, tan joven y tan bonita,

joder,

cuantísima primavera tienes por dentro.

 

Que hay que hacer para cerrarte

que te olvides del mundo,

de las personas que te llevaron a esta sepultura,

dime que hay que hacer para acabar con esta

mierda que te esta consumiendo.

 

Cielo,

ya sabes que yo nunca miento,

Y solo un imbécil

no te miraría como una flor que,

floreciendo,

fue,

es,

y será siempre

la más bonita.

Llaveros.

Escucho el tintineo del pequeño llavero que el abuelo me hizo la navidad antes de fallecer colgando en el marco de la puerta de esta pequeña cabaña.

El abuelo solía traerme cada verano, cuando venía de vacaciones, y me enseñaba los mil secretos que guardaba nuestra humilde morada. Recuerdo cuando me abría la pequeña trampilla y me enseñaba los innumerables llaveros que había hecho a mano y que guardaba como si fuese la mayor reliquia que existía en el universo, y no se equivocaba. Los llaveros del abuelo tenían algo especial, todo el mundo lo decía. Un día cuando mi abuela vino a la cabaña para darnos la comida, el abuelo dijo:

Lisbeth, tengo una sorpresa. Pero para tenerla tienes que decirme que es lo que más te gusta de ti.”

Recuerdo que la abuela puso los ojos en blanco y se echó a reír. El abuelo siempre estaba con esos juegos y a ella le encantaban, aunque no lo reconociera. Ella miro al abuelo y le dijo

Mi corazón”

Todos sabían que la abuela iba a responder eso, el abuelo se encargaba de decírselo cada mañana. El abuelo abrió la mano y juro que no he visto jamás una mirada ni siquiera similar a la que vivieron ellos en ese momento. Los ojos de la abuela brillaban con una intensidad inmensa, parecía que toda la energía del universo estaba concentrada en ellos. Miró el llavero con unos ojos que desprendían más luz que el sol y se abrazó al abuelo como si fuese lo único que le quedaba en el mundo.

Ellos dos vivirían por siempre enamorados y no era ningún misterio.

Y desde entonces le encontré la magia a cada uno de los llaveros. Cada vez que bajábamos me contaba la historia de un llavero, cada día uno diferente, diferentes personas, diferentes momentos y en diferentes lugares.

Desde que el abuelo murió, no me he atrevido a bajar, todavía está su olor impregnado en cada esquina de este lugar y estoy segura de que cuando murió, la abuela trajo las cecinas por aquí cerca y cuando vengo sola o con la abuela escuchamos un leve tintineo, para nada molesto, que nos hace saber que el abuelo todavía nos cuida.

Aquí sentada no puedo evitar pensar en todo lo que pasó y lo rápido que surgió todo, sin darme tiempo a reaccionar o asimilar que iba a perder a la persona que más quería en el mundo.

Era un 26 de diciembre y estaba en la cabaña con el abuelo. Ese día no había querido ir a dar un paseo ni bajar a contarme una nueva historia de alguno de sus llaveros. Recuerdo preguntarle si se encontraba bien miles de veces, y el no se cansaba de responderme siempre lo mismo: Sí.

Esa tarde decidió ponerse a hacer un llavero, y las normas decían que cuando el abuelo estuviese creando magia, no podías entrar ni molestar (aunque lo cierto es que siempre nos repetía que nosotros no molestábamos). Así que decidí irme a casa con la abuela y luego cuando viese al abuelo para cenar le pediría que me lo enseñara.

Estuve esperando hasta las 4 de la mañana, y el abuelo jamás apareció. Cuando escuché a la abuela llamarme de nuevo, decidí hacerle caso, de todas formas iba a verle a la mañana siguiente.

Resbala una lágrima por mi ojo izquierdo, y recuerdo la frase de la abuela

¿Sabías que cuando lloras, si la primera lagrima sale del ojo derecho, es de felicidad, si sale del ojo izquierdo, es de dolor o tristeza?”

Y después la seguía con

Recuerda siempre llorar por el ojo derecho. Mi nena no va a pasar pena”

Siempre me reía, como si aquello fuese una tontería, y desde que murió el abuelo he podido corroborar que cuando sale por el ojo izquierdo era de dolor.

Cuando me levanté a la mañana siguiente, vi a la abuela cabizbaja y no tenía la flor roja que le traía mi abuelo cada mañana. Tenía la azul del día anterior entre sus manos y la miraba como si aquello fuese lo único que existía en aquel momento.

¡Buenos días abuela, hoy no quiero el zumo, me voy ya a la cabaña con el abuelo!”

Y le resbaló una lágrima, la lágrima más intensa que había visto jamás.

“— Cariño, el abuelo ya no está en la cabaña.

¿Todavía sigue durmiendo? ¿Llegó muy tarde?

Cariño, el abuelo está en el hospital.

¿Qué? ¿Se hizo daño?

No cariño, pero está muy enfermo, y se va a ir al mundo de los sueños.

¿El mundo de los sueños? El abuelo siempre dice que quien se va a ese mundo nunca volverá al nuestro, pero que siempre van a estar con nosotros. ¿Qué quiere decir eso abuela? Yo le quiero mucho.

Y yo cariño, y yo, pero no hay nada que podamos hacer. Si quieres te vistes y vamos a verle, seguro que se pone muy contento.

¿Y lo curaremos?”

Lo último lo pregunté con toda la ilusión que tenía.

Y la respuesta de la abuela fue una lagrima más y un suspiro.

Nunca me he vestido tan rápido como aquel día, y tampoco he vivido un día tan triste.

Cuando llegué a su habitación y vi el montón de máquinas que le rodeaban y los mil cables en los que estaba enredado me di cuenta de lo que pasaba. Vi a la abuela entrar y aferrarse a su mano con desesperación.

Yo entre despacio, como si aquella delicadeza le fuese a devolver la vida que se le estaba escapando. Como si yo fuese a darle las fuerzas de las que carecía.

Hola abuelo, mira, te he traído un dibujo de ti. Sé que me dirás que es un superhéroe, pero es lo que eres para mí”

Y me dio un leve apretón en la mano.

Y me dio esperanza.

Pero cuando empezó a pitar todo, y llegaron muchos médicos corriendo, recuerdo que cuando le quitaron la máscara de oxígeno, con las pocas fuerzas que le quedaban en su rendido cuerpo.

Dulce princesita, esto es para ti, recuerda que estés donde estés, con esto yo siempre voy a estar a tu lado. Nadie podrá verme, pero podrás sentirme a tu lado. Y por las noches, cuando cierres los ojos voy a seguir contándote las historias de los llaveros, de todos los que quieras. Guarda este contigo para siempre. Te quiero pequeñaja.”

Y cuando se giró a mi abuela, le dijo

Te he amado toda mi vida, y seguiré amándote toda la eternidad”

Se dieron un beso. Y en ese momento, a pesar de ver a mi superhéroe cerrar los ojos justo delante mío, yo sabía que él no se había rendido todavía, que seguía con nosotras.

Y eso me bastó para creerlo cada día de mi vida.

Creía.

He llegado a la conclusión de no saber que somos.

Creía que eramos novios.

Pero no.

Creía que eramos dos compañeros compartiendo afición.

Algo así.

Tenemos momentos de novios cuando te viene bien y el resto del año somos compañeros.

Me dices que estas agobiado, que necesitas tiempo para ti.

Y no ves, que de lo que careces es de tiempo conmigo.

Conmigo. Yo.

La chica que se rie por gilipolleces en el momento menos adecuado,

que siempre suelta comentarios justo en el peor de los momentos,

que se recoge el pelo cuando se pone a hacer algo enserio,

que se pinta los labios de colores potentes cuando pide tu atención,

y que no se los pinta cuando reclama tus besos.

La chica que es totalmente reacia al amor

pero amante empedernida de las novelas de amor y el amor en su mas pura esencia,

la que escucha música vieja de cantantes que nadie saben que le gusten cuando esta mal,

y que pone canciones actuales a toda pastilla cuando lo que le apetece es bailar,

que se pone las canciones más clásicas de la historia

solo para poder cantarlas a todo pulmón

y olvidarse del mundo por un rato.

La amante de las fotos en pareja riéndose (aunque deteste hacérselas)

y del tiempo en pareja.

Te falta tiempo conmigo y te sobra tiempo para ti.

Eres codicioso. Como el ácido que hasta que no lo corroe todo, no para.

Cuanto mas tienes más quieres, y cuanto menos me ves, menos quieres verme.

Ya no haces por verme.

Y no se que me duele más,

que no me extrañes

o que yo empiece a no hacerlo.

Y finalmente, he llegado a la conclusión

de que somos una pareja de enamorados.

Porque si es cierto que estamos enamorados,

tal vez de la vida

o de la brisa que arrastra el cabello hacia atrás,

o tal vez el uno del otro.

Estoy rodeada, bueno

mas bien envuelta,

en mi manta…

Y así como al principio te extrañaba bajo ella conmigo,

Ahora empiezo a ver que sola,

estoy bastante mejor.

Fdo. Con amor, tu enamorada.

Desde lejos.

El rincón de floricienta

Desde lejos.

Hace tiempo que me fui. Posiblemente antes de que notaras el peso de mi ausencia.

Me fui a otro lugar, donde ahora respirar no duele. Un lugar distinto al de antaño. No digo que mejor ni peor. Simplemente me fui a otro lugar donde subyace la memoria de nuestro recuerdo. El letargo anhelado de esas sombras que un día fueron la luz más bonita del mundo.

Quiero que sepas una cosa. Y es que, aunque ya no me veas, aunque nuestros encuentros se sumen en indiferencia y el saludo no quepa en los centímetros del mismo aire que respiramos yo SIEMPRE estaré desde lejos queriéndote. Y alegrándome por tus sonrisas y por tus pasos de algodón.

Porque por mucho que me odies, yo me siento incapaz de hacerlo.

Porque por mucho que digas, te digan, critiques o critiquen, mi pasta siempre fue más de caramelo que de huevo duro. Y…

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Mapache.

El rincón de floricienta

mapacheQuiero una cita contigo, donde me quites el hipo y me llenes de hambre.

Quiero una cita contigo, bebernos el vino de nuestros labios rotos y besarnos las cicatrices.

Quiero confesarte mis secretos y que mimes con cautela mis miserias.

Quiero una cita contigo y que cuando pasen las doce de la noche, aún me sigas viendo Cenicienta.

Quiero impregnarme de la inocencia bendita de tus ojos magos y de ese latir sincero que comenzó a retumbar en mi piel desde el primer adiós.

Quiero seguir sumando segundos e instantes de #quierovertetodoeltiempo, tocar el cielo con la punta de mi nariz y seguir sintiendo el sexy baile de ese cuerpo que debe de ser pecado.

Y es que yo solo quiero una cita contigo que dure toda la vida.

No quiero flores, ni regalos tripitidos ni besos amarillos.

No quiero una nómina llena de promesas, ni un sentir forzado…

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